Página Principal
Qué es FEV
Eventos
Investigaciones y Publicaciones
Temas de política educativa
Proyectos y otras experiencias en el aula
Recursos para el docente
Mapa

contactos
Direcciones
Tlfs
{short description of image} Foro Educativo Venezuela

"Historia de la implantación de la media jornada escolar y perspectivas de reforma"

Ruth Hurtado, 1998

Introducción

Conclusiones

Bajar texto del estudio completo: historiaJC.doc, 165 Kb.

Bajar cuadros del estudio: historiaJCCuadros.xls, 135 Kb.


ir al principio de paginaSubir

Introducción

La media jornada escolar que rige actualmente en Venezuela es el resultado de un lento proceso que se inició en la década de los cincuenta. En este estudio se hace, en primer lugar, un recorrido por la educación venezolana desde el período gomecista (años 30) hasta el presente. Su estado y situación, y los factores que fueron generando la implantación del régimen de doble jornada escolar. Se prosigue con una revisión de cinco conjuntos de diagnósticos y proposiciones críticas sobre la educación en Venezuela, en las que en años se recientes se empiezan a destacar los problemas derivados de la implantación de la doble jornada y se empieza a hacer un llamado por la reinstauración de la jornada escolar completa.

ir al principio de paginaSubir

Conclusiones

De la revisión del cúmulo de información sistemática recogida son varias las inferencias posibles. Es acertado describir al sistema escolar venezolano de las décadas tercera, cuarta y quinta del siglo actual como una institución precaria, rudimentaria y empobrecida en lo material, cuyo eje real era el nivel primario público. Ese nivel, que ofrecía la única oportunidad de recibir educación gratuita a solamente una quinta parte de la población de niños y jóvenes, contó entre sus pocas fortalezas con la jornada escolar completa, desarrollada como una prolongación natural de la apacible rutina diaria de los habitantes de las pequeñas ciudades y pueblos venezolanos.

Las inexorables limitaciones presupuestarias impuestas a la expansión de la educación, contradijeron el declarado interés de sus altos funcionarios públicos por ofrecer mejor y más variadas alternativas de entrenamiento formal a amplios sectores de la sociedad, hasta el punto de contribuir a conformar un modelo de crecimiento de la oferta educativa que se perfiló durante la dictadura pérezjimenista y los gobiernos democráticos siguientes, cuyas características resaltantes son su precariedad pedagógica y su concentración alrededor de las dimensiones espacial y temporal.

El Ministro Vegas concentró escuelas unitarias o las transformó en grados de escuelas federales graduadas "con el fin de satisfacer las necesidades de muchos centros urbanos de la República" y puso en práctica "el programa de edificaciones escolares y de liceos de dos mil alumnos en dos turnos, en Caracas y en otras ciudades importantes; el Ministro Becerra concentró los niños en los establecimientos educativos a través del "cupo máximo de alumnos por escuela a fin de evitar que el Estado invierta indebidamente esfuerzos y sumas de dinero" y el Ministro Pizani abrió "el período extraordinario de inscripción ilimitada", durante el cual fueron matriculados alrededor de 200.000 alumnos en condiciones de muy escasa capacidad del aparato educativo para suministrar edificaciones, maestros apropiadamente entrenados y gerencia eficaz.

En 1958, ante una tarea que superaba a sus reducidas capacidades diagnósticas y organizacionales, el Ministerio de Educación, modificó y agregó aulas tanto a las modernas plantas físicas de los grupos escolares, como a las viejas casas de las escuelas tradicionales, estableció el cupo de 50 alumnos por aula e institucionalizó el doble turno, decisiones con las cuales culminó un proceso de tres lustros de creación de puestos escolares a expensas del sobreuso de las edificaciones existentes, del hacinamiento y de la reducción del tiempo escolar a la mitad.

Las cómodas edificaciones modernas para las escuelas federales graduadas, conocidas como grupos escolares, que comenzaron a proliferar como parte de la política educativa del Gobierno del General Isaías Medina Angarita y continuaron hasta los años sesenta, fueron el anverso de las viejas y estrechas casas mal ventiladas y mal iluminadas donde funcionaba gran parte de las escuelas graduadas citadinas. Aquellas, concebidas como una forma de mejorar las condiciones físicas donde debía desarrollarse una educación de mejor calidad, se constituyeron, paradójicamente, en el substrato sobre el cual fue posible comenzar a imponer la concentración y el irracional hacinamiento posterior de los alumnos de la escuela primaria y secundaria. Las deficiencias en la formación pedagógica de los improvisados y mal remunerados maestros y la drástica reducción del tiempo escolar diario, se sumaron al hacinamiento como factores inmediatos de la decadencia del sistema educativo venezolano.

Esos factores se tradujeron en el aula como acuerdos implícitos entre alumnos y docentes para reducir aun más el acortado tiempo escolar y en la forma de "rebusques" de los docentes para aumentar sus reducidos ingresos, el principal de los cuales por sus efectos sobre la capacidad pedagógica real fue el doble trabajo en el mismo o en dos planteles diferentes, generalmente distantes entre sí o con respecto al hogar del maestro.

Ante el deterioro de la educación ha habido preocupación generalizada en Venezuela, la cual ha sido expresada como movimientos de opinión que producen propuestas más o menos formales, más o menos tomadas en consideración.

Durante el Primer Congreso de Educación Primaria (1971) se presentaron dos ponencias que, desde una perspectiva crítica del orden social prevaleciente y de la sobredeterminación que sobre él ejerce el sistema capitalista mundial en acelerada expansión, sacaron a flote y solemnizaron el problema del profundo deterioro de la educación. Ese antecedente fue seguido por una suma de otros esfuerzos diagnósticos y prospectivos, cuya perspectiva se desplazó hacia el modo de operar internamente el sistema educativo y hacia proposiciones que pudiesen servir como fundamento para nuevos planes y programas.

Con una aproximación esencialmente sociológica donde no estaban ausentes las clases sociales, la marginalidad y sus obstáculos para la incorporación de los niños y jóvenes a la escuela y al trabajo, las referidas ponencias señalaron algunos elementos diagnósticos aún vigentes, que se han sido entrelazando con otros de reciente data, generados gracias a nuevos esfuerzos por diagnosticar y mejorar la educación. Entre los elementos vigentes se cuenta la excesiva centralización de las decisiones por el Ministerio de Educación y la correspondiente exclusión de los maestros, la necesidad de incrementar sus capacidades, de mejorar sus condiciones de trabajo y aumentar su autonomía en el manejo e implementación de los programas, de un cambio sustancial en el papel de la supervisión hacia la asesoría y el apoyo al maestro, del aumento del número de planteles, de la gratuidad de los libros de texto y de la implantación de una verdadera política de becas y créditos educativos.

En el segundo de los trabajos presentados ante el Primer Congreso de Educación Primaria, a pesar de que el enfoque analítico acerca de los problemas educativos fue fundamentalmente macrosocial, lo pormenorizado del análisis realizado por sus autores los conduce a incluir entre las precondiciones para la definición de objetivos educacionales un mejor uso del tiempo escolar sin llegar a la proposición de reinstitucionalizar la jornada escolar completa.

En el Foro Venezuela (1982), las principales referencias usadas tradicionalmente para apreciar el éxito del sistema: la expansión matricular y el aumento de las asignaciones presupuestarias, fueron desestimadas por sus participantes. En él se destacaron profundas fallas cualitativas que han producido descomposición acelerada en la educación, enraizadas en lo exclusivamente cultural. Su enumeración reveló un cambio radical respecto a las perspectivas diagnósticas de las dos décadas anteriores: se desechó toda consideración teórico-metodológica como la inherente a la modernización o a la dependencia, que habían sido las referencias normativas primarias para el análisis. Ahora los datos de importancia fluían de la cruda cotidianidad de una cultura escolar en la cual había ocurrido "la sustitución de la meta última de la educación, como es la formación de los hombres que han de incorporarse a la sociedad, por ritualismo en el cumplimiento del horario y del programa". Sin embargo, a pesar de ser el uso del tiempo escolar un fenómeno que atañe, con toda propiedad, a la dimensión cultural de la rutina pedagógica, fueron inexistentes las alusiones negativas al mismo durante el mencionado Foro.

Cuatro años más tarde emergería la afirmación de que el reducido tiempo escolar es uno de los obstáculos principales para el aprendizaje. Y más de una década después sería cuando se formularían propuestas de reforma educativa donde se le confiriese al tiempo escolar y a su uso la importancia que actualmente se les atribuye. Lo primero ocurrió durante la reunión de la Comisión para el Estudio del Proyecto Educativo Nacional (COPEN) en 1986 y lo último tanto durante el Encuentro en la Universidad Católica Andrés Bello que produjo las Propuestas Educativas para Venezuela en 1994, como durante la reunión de la Asamblea Nacional de Educación que en enero de 1998 incluyó entre sus Propuestas para Transformar la Educación, la ampliación y el uso más eficiente del tiempo escolar.

Aun cuando los llamados científicos sociales saben que las influencias y los cambios socioculturales que ellas llevan en consigo requieren para su difusión y aceptación períodos mucho más largos que los cambios producidos en el ámbito de las tecnologías, resulta asombroso constatar que sólo muy recientemente (bajo la influencia de la globalización, de la creciente competividad económica internacional y del debilitamiento de los Estados Nacionales) es cuando la noción de la necesidad perentoria de cambios educativos parece haber penetrado en sectores sociales y grupos con el poder suficiente para desconcentrar la planificación y la práctica de la educación, apoyar mejoras en la calidad de la docencia y de las remuneraciones de los maestros y más importante, sostener la participación de la comunidad en la formulación, la puesta en práctica y el control de un proyecto educativo cuya espina dorsal sea el aumento del tiempo escolar útil. Lo que hasta ahora no había pasado de ser un inofensivo ejercicio intelectual cuasi-académico cuyos mejores resultados eran acuerdos en foros de especialistas, se ha convertido en un tema político, con la fuerza suficiente para aglutinar votos y mejorar o destruir imágenes de Gobernadores, Alcaldes y Ministros.

ir al principio de paginaSubir